Has construido una marca personal fuerte, ¿qué decisiones clave marcaron ese crecimiento?
La decisión más importante fue invertir en mi propia estética y profesionalismo antes de que los grandes clientes llegaran. Decidí que mi imagen debía comunicar el nivel de los proyectos que quería atraer. Otra decisión clave fue la especialización: dejar de ser "alguien que sabe de redes" para convertirme en una estratega que entiende el negocio detrás de la marca. Y por supuesto, la transparencia; mostrarme real ha sido el imán más fuerte para mi comunidad.
¿Hubo algún momento donde tuviste que reinventarte para seguir avanzando?
¡Definitivamente! El paso de dedicarme durante diez años al mundo de los eventos y los detalles personalizados ("cotillones") hacia la consultoría de marketing digital de alto nivel fue un giro total. Tuve que desaprender procesos y entender que yo era mi propio producto. Cada vez que cambio de ciudad o de mercado, como ahora explorando alianzas en Madrid, me toca "actualizar mi software" personal para seguir siendo relevante.
Si alguien quisiera empezar hoy una carrera internacional desde cero, ¿qué mentalidad debería adoptar?
Debe adoptar una mentalidad de "estudiante eterno" y de "vecino global".
• Primero, quitarse el complejo de la ubicación geográfica; hoy el talento es la moneda universal.
• Segundo, entender que los primeros pasos requieren una generosidad extrema: da valor, conecta personas, sirve sin esperar nada a cambio.
• Y tercero, resiliencia absoluta. En el camino internacional habrá muchos "no", pero cada uno de ellos te está preparando para el "sí" que cambiará tu vida.