En el imaginario colectivo, Ser Modelo suele asociarse con una sola imagen: personas muy altas, extremadamente delgadas, caminando por una gran pasarela en París, Milán o Nueva York. Para muchos talentos que sueñan con entrar en esta industria, esa imagen puede resultar tan inspiradora como intimidante.
Entrevista - Itziar Cobelo

Hay artistas que nacen sabiendo exactamente cuál será su camino, y otros que descubren su verdadera esencia después de atravesar experiencias que transforman por completo su manera de mirar la vida. Ese es el caso de Itziar Cobelo, actriz nacida en Bilbao cuya trayectoria está marcada por la sensibilidad artística, la formación constante y la valentía de reinventarse.
Aunque inicialmente estudió arquitectura, un accidente de tráfico antes de cumplir los 30 años la llevó a replantearse sus prioridades y a acercarse definitivamente al mundo de la interpretación, un territorio creativo que siempre había habitado de alguna manera, pero que aún no había explorado plenamente. Desde entonces, ha construido una carrera sólida y versátil que une teatro, audiovisual, música y dirección escénica.
Formada en arte dramático junto a figuras como Marina Shimanskaya, Algis Arlauskas y Jorge Eines, Itziar ha desarrollado una profunda conexión con la interpretación tanto sobre el escenario como ante la cámara. Su trayectoria incluye participación en series, cortometrajes, teatro y musicales, además de una continua preparación artística que refleja su compromiso con la profesión.
En esta entrevista conversamos sobre los cambios que marcaron su vida, los retos de abrirse camino en la actuación, la importancia de la formación, el miedo, la perseverancia y los sueños que todavía quedan por conquistar.

Itziar, tu camino hacia la interpretación no fue lineal. Estudiaste arquitectura antes de dedicarte plenamente al arte. ¿Qué sentías en aquella etapa de tu vida y qué descubriste de ti misma cuando decidiste cambiar de rumbo?
Tenía la sensación de estar un poco fuera de sitio, como si estuviera haciendo lo que me tocaba hacer, en lugar de lo que quería hacer.
Cuando decidí cambiar de rumbo sentí vértigo. Descubrí que las personas tenemos muchas opciones abiertas, más allá de seguir el camino lógico o el que se espera de nosotros. Y eso me asustó un poco, porque si quien decide eres tú, las consecuencias de tus elecciones también son tu responsabilidad. Digamos que, de repente, me hice mayor.
Mencionas que un accidente de tráfico te hizo replantearte tus prioridades antes de los 30 años. ¿Cómo transformó esa experiencia tu manera de entender la vida y el valor de perseguir aquello que realmente te apasiona?

De un día para otro, fui consciente de la fugacidad de la vida. Empecé a relativizar muchas cosas y situaciones que antes me hubieran parecido dramas pasaron a ser solo contratiempos. Dejé de dar tanta importancia al qué dirán. Te vuelves más valiente a la hora de tomar decisiones. Gané un punto de rebeldía, me entraron unas ganas enormes de aprovechar el presente y hacer, con matices, "lo que me daba la gana".
Es verdad que, con los años, esa sensación inicial se va diluyendo y vuelves a preocuparte por cosas que quizá no lo merecen… pero, en cuanto me doy cuenta, recuerdo lo que es realmente importante e intento recolocarme de nuevo.
Muchas personas sienten miedo de empezar de nuevo o de apostar por un sueño artístico en la adultez. ¿Qué obstáculos emocionales tuviste que superar para dar ese salto hacia la interpretación?
Mi propia censura interna y una buena colección de prejuicios. El "ya es demasiado tarde" o el "qué van a pensar". También el miedo a la incertidumbre. Y la renuncia a forjar una carrera profesional en otro ámbito con más garantías y oportunidades de estabilidad. Porque tienen razón cuando dicen que elegir implica también renunciar.
Tu formación ha sido muy amplia y constante, trabajando con maestros de gran trayectoria y continuando entrenando incluso hoy. ¿Qué importancia tiene para ti seguir aprendiendo y cómo ha evolucionado tu visión de la actuación con el tiempo?

La formación constante forma parte de la vida del actor. Te formas con cada nueva experiencia en el set de rodaje, y también te formas entrenando y aprovechando los conocimientos que otros te pueden aportar. Siempre descubres recursos nuevos, herramientas que se quedan contigo y que van construyendo tus "poderes" como actriz.
Al principio era más dependiente de las pautas que venían desde fuera, confiaba menos en mi intuición. Después te vas haciendo más autónoma y dejas que tu instinto te guíe a la hora de proponer cosas. Creo, en realidad, que el instinto se vuelve más poderoso porque, sin que te des cuenta, se nutre de toda la experiencia y formación acumulada.
Vienes de una formación también muy vinculada a la música, con estudios de piano y canto. ¿De qué manera crees que la música ha influido en tu sensibilidad como actriz y en tu forma de construir personajes?
Es probable que la formación musical repercuta de alguna manera en la forma en la que mis personajes hablan o se mueven, aunque no soy realmente consciente de ello. Donde sí siento que me ha ayudado muchísimo es en la forma de abordar la preparación de un proyecto.
Tocar un instrumento exige disciplina, rigor, constancia y muchas horas de práctica. Y creo que esa manera de trabajar la he trasladado directamente a la construcción de personajes.
Has trabajado tanto en teatro como en audiovisual. Desde tu experiencia, ¿qué diferencias emocionales y técnicas encuentras entre actuar sobre un escenario y hacerlo frente a una cámara?
Son lenguajes distintos, que requieren técnicas distintas y funcionan con códigos distintos, aunque exista un fondo esencial común. En la práctica, exigen algunas destrezas diferentes.
Para llegar a los espectadores desde un escenario, necesitas presencia escénica, desarrollar la expresividad del cuerpo y trabajar muy bien la voz. Si no te oyen, no importa lo bien que lo estés haciendo. A nivel emocional el teatro es muy potente, es un salto sin red. Reaccionas en el momento, percibes al público, sientes la conexión con el resto de actores, la atmósfera que se genera… es una vivencia insustituible.
Actuar ante la cámara es como ejecutar una coreografía minuciosa. La mirada cobra muchísima importancia y cualquier gesto, capturado por la cámara, se multiplica por mil. Para mí, supuso adaptar la interpretación teatral a un lenguaje mucho más contenido. Cuando mi cuerpo interiorizó la sutileza y la precisión del medio, me enganché sin remedio.
Una de los mayores retos a los que te enfrentas en un rodaje es la falta de continuidad emocional. La mayoría de las veces ruedas las secuencias en desorden. Cada vez que dicen acción es como si tú, como actriz, cayeras de pronto dentro del personaje con la película empezada, en mitad de lo que sea que le esté pasando, y tienes el desafío de construirlo de forma inmediata. Y repetirlo. Y repetirlo. Es un juego que me apasiona.

A lo largo de tu carrera has participado en cortometrajes, series, musicales y obras teatrales. ¿Hay algún personaje o proyecto que haya dejado una huella especialmente profunda en ti como artista o como persona?
Pues fíjate que no podría quedarme con ningún proyecto o personaje concreto. Sin embargo, hay algo en los personajes de tipo antihéroe que me atrae. Ya pueden ser patéticos, dignos de lástima o incluso de desprecio, pero tengo debilidad por ellos y los defiendo y los protejo a muerte.
La primera vez que lo sentí fue estudiando interpretación, cuando me asignaron el papel de Angustias en un montaje de la Casa de Bernarda Alba. Me encariñé con ella y me volqué en defenderla. Desde entonces, siempre he tenido una conexión especial con ese tipo de personajes.
Recientemente participaste en "La prosperidad de una hija", una obra de terror, un género menos habitual en tu trayectoria. ¿Qué descubriste de ti misma enfrentándote a un registro diferente y qué te atrae de salir de tu zona de confort artística?
Que me encanta jugar. La interpretación es juego y el terror se presta a ello más que otros géneros. Un personaje que se aleja de la realidad te da mucha libertad para crear y probar cosas que, en otros registros, quizá no te atreverías a plantear. Lo he disfrutado muchísimo, ha sido un descubrimiento.
Además de actuar, también has incursionado en la dirección escénica. ¿Cómo cambia tu mirada del arte cuando pasas de interpretar un personaje a dirigir una obra?
Intento mirar con más perspectiva. Cuando dirijo, me convierto un poco en público, tratando de mirar con los ojos de quienes lo van a ver. No sé si eso es bueno o malo, es algo que simplemente ocurre y, sin embargo, no me pasa cuando estoy sobre el escenario.
También soy mucho más consciente de las aportaciones de los actores. Me gusta que cada intérprete aporte su esencia y me fascina ver cómo un mismo personaje, interpretado por actores diferentes, puede hacer que la obra adquiera matices completamente distintos.
El mundo artístico suele estar lleno de incertidumbre, rechazos y momentos difíciles. En esos momentos donde las oportunidades tardan en llegar, ¿qué es lo que te mantiene conectada con tu vocación?
Hay momentos muy duros, sobre todo los que tienen que ver con la inseguridad personal. Ese famoso "¿de verdad valgo para esto?" que, yo diría, nos invade a todos los actores en algún momento.
Sin embargo, me gusta lo que hago y no soy capaz de renunciar a ello. Disfruto actuando en salas alternativas, rodando proyectos, sean grandes o pequeños, compartiendo tiempo con gente de la profesión y volcándome en cada uno de los castings que me hace llegar mi representante, siempre con ilusión.
Aunque, para poder hacer todo eso, muchas veces haya que dormir poco. Porque, cuando la interpretación no te permite vivir de ella, tienes que encontrar alternativas que te den estabilidad económica. Y ahí, el descanso y el tiempo para la familia acaban convirtiéndose en la mayor renuncia.
Dices que es precisamente ahora cuando apuestas con más determinación por esta profesión. ¿Qué sueños, retos o metas te gustaría conquistar en esta nueva etapa de tu carrera?
El sueño ideal es el de pasar a formar parte de ese pequeño porcentaje de actores que viven de su profesión. Pero, más allá de eso, que ya sabemos que es muy complicado, me gustaría poder construir una carrera coherente y tener la oportunidad de participar en proyectos que me reten como actriz.
Como meta concreta, he coescrito el guion de un cortometraje y me encantaría que, a lo largo del próximo año, pudiera pasar del papel a la pantalla.
Para finalizar, ¿qué palabras le darías a todos esos artistas, actores y creativos que sienten miedo de perseguir sus sueños, pero que en el fondo saben que el arte es su verdadera vocación?
Que solo hay una vida y, al final, casi nadie se arrepiente de lo que hizo, sino de lo que dejó de hacer. Es una frase a la que siempre recurro cuando necesito impulso para tomar una decisión difícil o alejada de lo convencional.
Si las cosas no funcionan o si uno no encuentra lo que esperaba, siempre se puede volver atrás, regresar a lo conocido… pero la oportunidad de elegir el camino de lo que te de verdad te mueve, ésa no vuelve, y hay que cogerla al vuelo.
Hay una pregunta silenciosa que muchos talentos se hacen frente al espejo, pero que pocas veces se atreven a decir en voz alta: "¿Y si no soy lo suficientemente alto para ser modelo?" Y con esa pregunta, muchas veces, también llega la frustración. La sensación de que el sueño empieza a desmoronarse incluso antes de intentarlo.
Nadie te prepara para el rechazo. Para los silencios. Para los correos que no llegan. Para los castings en los que sales convencida de que lo hiciste bien… y aun así no pasa nada.


