Entrevista - Martina Belloni

01.02.2026

Cuando la ciencia, el cuerpo y el arte se encuentran

Hoy tenemos a una emprendedora que se preocupa por el bienestar no solo de sus clientes, sino de un colectivo de artistas que tiene unas exigencias físicas de nivel olímpico o más… Martina Belloni una mujer emprendedora que ha dedicado su vida a comprender el movimiento del cuerpo humano desde su esencia más profunda.

Con más de 19 años de experiencia en danza contemporánea, ballet y técnicas de movimiento, su recorrido profesional la ha llevado por escenarios internacionales, compañías europeas y una búsqueda constante por entender el cuerpo como herramienta de expresión artística y atlética a la vez.

De esa búsqueda nació Conscious Dance Training Method, un sistema que combina ciencia, técnica, prevención de lesiones y entrenamiento específico para bailarines. Más tarde, su visión dio forma a Ciencia y Danza, la primera y única formación profesional en español dedicada a capacitar preparadores físicos especializados en danza, un ámbito históricamente desatendido pero crucial para el futuro de las artes del movimiento.

Martina no solo es docente internacional, coreógrafa y creadora: es una investigadora del cuerpo. Una mujer que transformó sus propias limitaciones anatómicas en la base de una misión clara: cambiar la forma en que los bailarines se entrenan, cuidan su cuerpo y sostienen carreras más largas y conscientes.

Hoy nos cuenta su historia, su visión y la filosofía que impulsa su trabajo.

Martina, para quienes aún no te conocen, ¿cómo describirías quién eres hoy como profesional y qué te ha llevado a dedicar tu vida al estudio del movimiento y la danza?

A día de hoy me definiría como emprendedora y preparadora física especializada en bailarines, aunque siempre digo que las etiquetas se me quedan cortas. Como a muchos artistas, la vida me ha llevado por caminos muy diversos: he sido bailarina, coreógrafa, profesora de danza, he actuado y cantado, aunque en estos últimos dos no desde una formación académica específica. Todo eso forma parte de mí y de mi manera de entender el cuerpo.

Mi relación con el movimiento empieza muy pronto. De niña practiqué gimnasia rítmica y más tarde pasé a la danza. Incluso en los periodos en los que cambié de disciplina o practiqué otros deportes, el movimiento siempre estuvo presente. Desde pequeña entendí, sin ponerle nombre, que la danza era un refugio: el lugar donde desaparecían el ruido, la tristeza o el agobio. Entrar en una sala y moverme era una forma de meditación.

Durante muchos años no pensé en ser bailarina profesional; simplemente quería bailar. Con el tiempo comprendí que cumplir un sueño te lleva siempre un paso más allá, hacia el siguiente objetivo. La danza ha sido mi guía, mi pasión y también una obsesión sana. Me ha salvado en muchos momentos y sé que seguirá haciéndolo. Por eso, siento que no podría dedicarme a otra cosa: no somos nosotros quienes elegimos la danza, es la danza la que nos elige.

Tu trayectoria abarca casi 20 años entre danza contemporánea, ballet, docencia y preparación física. ¿Qué aprendizajes fundamentales te han formado como la profesional que eres ahora?

Uno de los aprendizajes más importantes de mi formación fue entender que la danza no se divide en compartimentos estancos. Ballet, contemporáneo u otras disciplinas son lenguajes distintos, pero se influyen constantemente entre sí. Esa mirada me marcó profundamente y hoy la transmito a mis alumnos.

Más adelante, cuando empecé a formarme en disciplinas como pilates, yoga, entrenamiento de fuerza o flexibilidad, entendí que ese mismo principio se repetía. Todo está conectado.

La dificultad está en que nadie suele enseñarte cómo unir esos mundos. Esa capacidad se construye con experiencia, práctica y una mente muy abierta.

Este enfoque ha sido clave primero como intérprete y después como docente, porque me ha permitido no quedarme limitada solo a la danza, sino apoyarme en otras herramientas para ayudar a mis alumnos a alcanzar sus objetivos de una forma más consciente y eficaz.

Has trabajado y enseñado en varios países, colaborado con compañías internacionales y creado tus propias metodologías. ¿Qué experiencias clave han marcado tu identidad y tu visión dentro del mundo de la danza?

Hay muchas, pero una es la más relevante. Sin duda, mi primera formación profesional en DanceHaus, en Milán, fue un punto de inflexión. Yo venía de una pequeña escuela de mi pueblo, sin conocer realmente el mundo profesional de la danza, y de repente me encontré inmersa en una realidad completamente nueva.

A nivel físico y técnico descubrí la importancia de la conciencia del movimiento. Dejé de copiar para empezar a sentir, entender y escuchar el cuerpo. A nivel artístico, estudiar con Susanna Beltrami, pionera de la danza contemporánea en Italia, fue determinante. Su visión internacional y su énfasis en la creación coreográfica me abrieron la mente y me permitieron entender la danza desde un lugar mucho más profundo.

Martina, tu trayectoria es amplia y profundamente ligada a la danza y el movimiento. ¿Qué momento marcó el inicio de una visión más científica y consciente de la danza?

No fue un momento puntual, sino un proceso gradual. Hace más de diez años participé en un training intensivo con una compañía profesional donde trabajábamos entre seis y ocho horas diarias. Dentro del programa había clases de Pilates y fue la primera vez que lo practiqué.

En ese momento ya hacía yoga, pero el Pilates me permitió entender el valor del ejercicio físico puro, sin una parte espiritual o de interpretación como pueden ser el yoga y la danza. Empecé a notar mejoras claras en limitaciones que arrastraba desde siempre, como el control del core debido a mi hiperlordosis. Ahí comprendí que entrenar de forma específica era clave para rendir mejor y cuidar el cuerpo.

Fue así que decidí profundizar esta disciplina y me certifiqué como monitora de Pilates, hasta que me di cuenta que a pesar de profundizar mucho esta disciplina, nunca iba a ser suficiente y que era necesario indagar otros aspectos del entrenamiento como el trabajo de fuerza, de flexibilidad, de resistencia, de potencia y aprender a adaptarlo a las necesidades del bailarín.

Conscious Dance Training Method nace de una necesidad real en el sector. ¿Cómo descubriste que este era el cambio que tú podías aportar?

Primero lo descubrí en mi propio cuerpo y después en mis alumnas. Me preguntaba por qué, después de tantas formaciones en danza, nadie nos había enseñado realmente a entrenar el cuerpo de forma consciente, estructurada y segura.

Durante la pandemia empecé a compartir contenidos casi por casualidad en redes sociales. Ahí descubrí que existía un enorme vacío de información en habla hispana sobre preparación física para bailarines. Me sentí muy sola al principio, pero también entendí que podía aportar algo valioso.

Así nació la necesidad de estructurar una metodología y una misión clara: democratizar la danza, ayudar a los bailarines a conocerse, respetar sus límites y construir carreras más largas y saludables.

En tu historia mencionas limitaciones anatómicas. ¿Cómo transformaste esos retos personales en una propuesta innovadora?

Empecé ballet y contemporáneo tarde, a los 18 años, algo considerado casi imposible en el mundo de la danza. Antes solo había bailado jazz. Siempre tuve límites claros: poca rotación externa, anteversión pélvica, poca movilidad en la columna.

El trabajo de conciencia y fuerza me permitió no solo mejorar, sino transformar esas limitaciones en una identidad expresiva propia. Comprendí que cada cuerpo es único y que la diferencia puede convertirse en una fortaleza. Esa comprensión me dio autoestima y me impulsó a crear un sistema claro para ayudar a otros bailarines a recorrer su propio camino.

¿Cuál es el mayor malentendido que existe hoy sobre el cuerpo del bailarín?

Dos grandes mitos: que más es mejor y que el bailarín no debe entrenar fuerza. La mejora llega con calidad, descanso y trabajo estructurado. La fuerza bien orientada no acorta el cuerpo, lo hace más eficiente.

Mi método se basa en la ciencia del deporte aplicada a la danza, no en la tradición transmitida sin cuestionamiento.

Muchas veces en la danza se enseñan pasos y movimientos con metodología antigua y sin base científica solo porque siempre se hizo así.

Hoy en día hay mucha evidencia científica que desmonta esas metodologías. Aún así el proceso para el cambio y hacer las cosas bien es lento. Confío en la divulgación y educación para ver este cambio.

Conscious Dance Training Academy permite entrenar desde cualquier parte del mundo. ¿Qué impacto te está sorprendiendo más?

El alcance global. Poder conectar con bailarines de toda España, Latinoamérica, Estados Unidos o Europa y llegar a lugares donde este tipo de trabajo, la preparación física específica para la danza, no existía. El online es profundamente democratizador y sigue sorprendiéndome y enriqueciéndome cada día.

También diriges Ciencia y Danza. ¿Qué vacío viene a llenar esta iniciativa?

Ciencia y Danza es la síntesis de más de veinte años de experiencia. Es, a día de hoy, la única formación en español que prepara profesionales para aplicar la ciencia del deporte a la danza.

Su impacto es colectivo: formar a profesores que luego acompañarán a las actuales y las nuevas generaciones de bailarines con más conciencia y respeto por el cuerpo.

Es llevar la preparación física para la danza al alcance de todos y no solo de una élite.

Es crear una bola de nieve que marcará un antes y un después en la danza para siempre.

¿Cómo imaginas el futuro de la danza si tu misión se extendiera a nivel global?

Imagino escuelas y conservatorios donde la preparación física sea una asignatura obligatoria. A largo plazo será incuestionable. A medio plazo, ya estamos viendo más conciencia y pensamiento crítico.

El cambio es lento, pero ya ha empezado.

¿Qué consejo darías a quienes quieren emprender en el mundo artístico?

Formarse más allá de su arte: finanzas, mentalidad, comunicación, marketing. Cuidar el entorno y rodearse de personas alineadas con su visión. El crecimiento del proyecto va de la mano del crecimiento personal.

Si tuvieras que resumir tu filosofía en una frase, ¿Cuál sería?

Para ser un buen bailarín no es suficiente bailar. Hay que vivir, conocerse, cuidarse y entrenar el cuerpo y la mente.

Unas palabras finales

Gracias por el espacio y por la escucha. Creo profundamente en una danza más consciente, más respetuosa con el cuerpo y la mente y más humana. Si mi trabajo puede ayudar a que los bailarines reduzcan sus frustraciones, lesiones y se sientan menos solos en su camino, entonces todo este recorrido tiene sentido.


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Soy venezolana-española, abogada, modelo y CEO de la marca Berkana. Estudié Presentación de TV en Bogotá y, recientemente, culminé estudios en Plan de Negocios y Finanzas en Madrid, una etapa que ha fortalecido mi visión emprendedora y mi compromiso con crecer desde la disciplina y el enfoque.