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Entrevista - Ayrim Fernández

En el mundo artístico existen talentos que no solo interpretan personajes, sino que convierten cada experiencia de vida en una herramienta para crear, emocionar y conectar con el público. Así es Ayrim Fernández, una artista granadina cuya trayectoria refleja sensibilidad, disciplina y una profunda pasión por el aprendizaje constante.
Maestra, pedagoga, actriz y creadora multidisciplinar, Ayrim ha construido un camino donde el arte y el crecimiento personal avanzan de la mano. Desde sus primeros pasos en la interpretación teatral y la danza hasta su participación en producciones teatrales y audiovisuales, su carrera ha estado marcada por la búsqueda de nuevas formas de expresión y por la valentía de reinventarse continuamente.
Tras trasladarse a Madrid, ha formado parte de diferentes compañías teatrales y proyectos escénicos que le han permitido explorar registros muy diversos, consolidando una presencia artística auténtica y cercana. Paralelamente, su formación en interpretación ante la cámara, improvisación, canto y disciplinas vinculadas al desarrollo emocional y creativo, hablan de una actriz comprometida no solo con su profesión, sino también con el conocimiento de sí misma.
En esta entrevista para EC Magazine, conocemos a una mujer inquieta, soñadora y profundamente humana; una artista que entiende el escenario y la cámara como espacios de verdad, vulnerabilidad y transformación. Conversamos con Ayrim sobre sus inicios, los retos de perseguir un sueño, la importancia de seguir aprendiendo y la fuerza necesaria para mantenerse fiel a uno mismo dentro de la industria artística.
Naciste en Granada y hoy desarrollas tu carrera en Madrid, ¿qué partes de tu esencia crees que siguen profundamente ligadas a tus raíces?
Yo siempre llevo Granada y mis raíces en mi corazón, al final cuando creces y te desarrollas en una ciudad que adoras, por muy lejos que vayas siempre la tienes presente. De mi esencia conservo el acento, que trato de mantener siempre que el papel no me exija algo diferente, porque también es una manera de reivindicar la presencia andaluza en la industria, y también conservo el carácter abierto, desenfadado y alegre.

Tu formación como maestra y pedagoga es muy sólida, ¿en qué momento sentiste que la interpretación no era solo una inquietud, sino un camino necesario para ti?
Desde pequeña siempre quise dedicarme a la enseñanza, era algo que tenía muy claro, la interpretación no era algo que contemplara, aunque siempre me ha movido la creatividad, pero la desarrollaba en la rama pedagógica. Durante la época en la que estudiaba en la universidad conseguí una beca que implicaba en algunos momentos impartir clase y yo era una persona con pánico escénico. Tenía una compañera que estaba en una escuela de teatro y pensé que dar unas clases podía ser una buena opción para adquirir soltura, pero cuando me subí al escenario sentí algo por dentro que me hizo intuir que era donde quería estar, así que seguí trabajando en la universidad pero a la par estudié los cuatro años de interpretación teatral.
Empezaste en el teatro y la danza a los 23 años, ¿cómo fue dar ese salto hacia un mundo tan exigente desde otra disciplina?
No lo viví como un salto demasiado dramático porque al principio no lo contemplaba del todo como una opción futura, era algo que compaginaba pero aún seguía teniendo el foco en mi carrera educativa. Al finalizar la formación y empezar a subirme a escenarios frente a público, entendí que quería apostar por ello, así que hice las maletas y me mudé a Madrid con el fin de crecer y dedicarme de manera profesional.
Formar parte de una compañía como Producciones La Seducción, ¿Qué te enseñó sobre el trabajo en equipo y la construcción colectiva en escena?
Fue una etapa muy bonita, porque surgió con compañeros que estudiábamos juntos y que éramos como familia, nos entendíamos muy bien tanto fuera como dentro del escenario con lo cuál fue muy fácil poder construir proyectos y salir a mostrarlos.

Has participado en montajes muy diversos, ¿hay algún personaje que te haya transformado personalmente o que haya marcado un antes y un después en tu carrera?
De todos me llevo algún aprendizaje y les tengo mucho cariño, pero si tuviera que elegir el que más me tocó personalmente a nivel emocional fue el de "mujer" en "Háblame como la lluvia" de Tennesse Williams, era una obra de teatro breve en la que el personaje se encontraba hastiado y empezaba a imaginar, visualizar y describir con detalle cómo iba a ser su deterioro físico y mental a lo largo de los años hasta su muerte. Veía tan claras esas visualizaciones que a veces salía angustiada. Y si tuviera que elegir del que más he aprendido sería "Maria Conchita" en "Sexualizados", que pertenece a una comedia que empezamos a representar tras el confinamiento y sigo realizando actualmente, porque aunque todos los personajes siempre llevan algo mío, está muy alejado de lo que soy, y al poder jugarlo tanto tiempo he podido explorar, darle forma, hacerlo crecer y a la par crecer con él como actriz.
El traslado a Madrid suele ser un punto de inflexión para muchos artistas, ¿Qué fue lo más desafiante de ese cambio y cómo lograste adaptarte?
El traslado lo viví con ilusión, tuve la facilidad de estar trabajando por aquel entonces con una empresa que me dio una vacante cuando lo solicité, y mi hermano ya vivía aquí y me acogió en su casa, por lo que había dos dificultades importantes superadas, sustento y vivienda, pero es cierto que la adaptación me costó, vine con 29 años desde una ciudad pequeña en la que estaban mis amistades de toda la vida y mis padres, yo soy bastante cariñosa y muy familiar, así que empezar a formar un círculo de amistades a esa edad fue duro. También me costó adaptarme a las distancias y el ritmo.

En tu recorrido, ¿te has encontrado con momentos de duda o bloqueo? ¿Cómo los has gestionado para seguir avanzando?
Siempre, las dudas están presentes de manera continua, me encanta la interpretación, pero elegir dedicarse a ello profesionalmente difiere mucho de esa visión a veces idealizada de lo bonita que es, a un actor le encanta interpretar, construir, enfrentar retos, pero luego está la parte del desgaste de estar siempre compaginando con otros trabajos que dan el sustento económico, hacer tetris para encajarlo, trabajar en obras por las que a veces llegas a cobrar 10€ al mes, la necesidad de trabajarse tolerancia al rechazo porque la mayor parte de las veces recibes noes en los casting, la inversión en formación, entrenamientos, proyectos para tener visibilidad, y sin garantías de que puedas obtener resultados. Sin embargo creo que cuando existe vocación por mucho que te plantees tirar la toalla, te subes al escenario y eres incapaz de darle la espalda a la profesión.
Trabajar tanto en teatro como en audiovisual requiere registros distintos, ¿qué te aporta cada uno y dónde sientes que te expresas de forma más libre?
Son códigos muy distintos como bien dices, yo sin duda me siento mucho más libre en teatro, soy una persona muy expresiva, y en el teatro los gestos y los movimientos son muy orgánicos y naturales para mi, además de que la emoción es continua y en presente porque el feedback del público lo recibes en el momento y te retroalimentas. El código de cámara es más contenido, todo se hace de una manera sutil y pequeña porque la cámara lo capta todo, cortas la emoción cada vez que hay que cambiar el plano, requiere repeticiones, control de raccord, de marcas mucho más estrictas y espacios más reducidos… me costó bastante adaptarme. Pero ambos me han aportado aprendizaje, y la combinación me hace poder ser más flexible.

Has trabajado con directores y profesionales muy reconocidos, ¿Qué aprendizajes te llevas de esas experiencias que sigan presentes en tu día a día?
El aprendizaje que me llevo sobre todo es la necesidad de seguir disfrutando de mi trabajo, cuando he tenido que estar en proyectos que iban a tener más visibilidad o con profesionales reconocidos, la presión hace que no disfrute del todo del proceso, evidentemente en cada trabajo existe una responsabilidad y compromiso y me es indiferente que sea para cuatro personas en un teatro que para Netflix, me lo curro igual y esas cuatro personas que pagan entrada son igual de importantes que algo que se emite a nivel internacional, pero el disfrute varía porque soy una persona muy autoexigente y en proyectos más grandes la presión me hace olvidar que estoy en esto por vocación, y a veces, lejos de vivirlo como algo que ilusione lo llego a pasar mal.
Tu formación incluye disciplinas como la improvisación, el canto o incluso propuestas como la Aladuría, ¿Cómo influye ese enfoque multidisciplinar en tu manera de crear?
La improvisación me ha ayudado a poder afrontar situaciones problemáticas encima del escenario y no bloquearme, fallos de texto, música que entra cuando no debe, focos o micros que no funcionan, me ha dado velocidad de resolución, también mucha seguridad a la hora de jugar con el público y romper la cuarta pared, el canto fue una disciplina a la que jamás pensé que me enfrentaría porque tenía pánico y al final lo acabé adorando, diría que me aportó más enriquecimiento a nivel emocional que técnico, y Aladuría fue un proceso terapéutico a través de la creatividad que me ayudó a conocerme, a saber cómo funcionó. Y al final todas ellas hacen que a la hora de interpretar o crear pueda sentirme más segura, además de aportar habilidades que abren más oportunidades a nivel laboral.

Te defines como una persona inquieta y en constante aprendizaje, ¿qué te motiva a seguir formándote y evolucionando dentro de la industria?
Sí, necesito movimiento en mi vida, si no, me aburro, siempre estoy buscando nuevos retos, probando diferentes disciplinas, explorando.
Y dentro de la industria en concreto, al final la formación continua te permite estar en contacto con lo que se está haciendo y de qué manera se está haciendo, es una industria muy cambiante, por ejemplo el tipo de comedia que se hacía hace 50 años no tiene nada que ver con la que se hace ahora, el código que antes existía y lo que funcionaba se ha trasformado, la mayor parte de las comedias que se estás haciendo son más tendentes a lo naturalista, así que no puedes dejar de estar presente para no desconectarte, porque lo que hoy vale igual mañana ya no. También el entrenamiento es necesario, igual que en el gimnasio si dejas de entrenar el cuerpo lo nota, en interpretación si dejas de hacerlo te oxidas, entrenar te ayuda a mantener la mente preparada para memorizar un texto rápido, entrar y salir de las emociones con fluidez, etc.
Para quienes sueñan con ser actores o artistas pero sienten miedo o incertidumbre, ¿Qué les dirías desde tu experiencia para que no abandonen su camino?
Que no tomen decisiones extremas, que tengan paciencia y la conciencia de que es un trabajo vocacional pero es un camino difícil, que empiecen jóvenes porque actualmente hay más movimiento y papeles para gente menor de 30, que si no va saliendo no sea todo o nada, que no está mal tener un plan b con el que compaginar porque a veces pasas mucho tiempo sin trabajar, que vayan a terapia (es algo que recomiendo a todo el mundo para autoconocerse, no es necesario estar mal para acudir) porque es necesario prepararse emocionalmente para la tolerancia a la frustración, o incluso a la fama en el otro extremo. Pero sobre todo, que, a pesar de las dificultades, nunca dejen de disfrutar y soñar.
En el imaginario colectivo, Ser Modelo suele asociarse con una sola imagen: personas muy altas, extremadamente delgadas, caminando por una gran pasarela en París, Milán o Nueva York. Para muchos talentos que sueñan con entrar en esta industria, esa imagen puede resultar tan inspiradora como intimidante.
Hay una pregunta silenciosa que muchos talentos se hacen frente al espejo, pero que pocas veces se atreven a decir en voz alta: "¿Y si no soy lo suficientemente alto para ser modelo?" Y con esa pregunta, muchas veces, también llega la frustración. La sensación de que el sueño empieza a desmoronarse incluso antes de intentarlo.


